Si a tu cliente no le importa ¿para qué lo haces?
Alguna vez en mi empresa de limpieza, se me ocurrió la genialidad de darle un plus a nuestros nuevos clientes engrasando sus puertas, ya que en su gran mayoría rechinaban.
¿Crees que recibieron ese “extra” con alegría y agradecimiento?
Yo también pensaría que sí. Pero no fue así, por el contrario, incluso se molestaban porque al eliminar el rechinido, ya no iban a saber cuándo alguien entraba por la puerta. Jamás me lo hubiera imaginado, pero bueno, cada quien, así que dejamos de hacerlo.
No todas tus acciones son de valor para tu cliente.
Tal vez de pronto decides que entregarás las cotizaciones el mismo día en que recibes la solicitud, en lugar del par de días que tardabas antes. Yo te preguntaría ¿Tus clientes valoran eso? ¿Entregar cotizaciones el mismo día incrementará sustancialmente la probabilidad de una compra? ¿Es el mejor uso de tu tiempo y energía acomodar toda tu agenda para entregar el mismo día?
No permitas que retos autoimpuestos drenen tu energía.
Aquí te dejo algunas preguntas generales más que me suelo hacer para asegurar que mis recursos limitados tengan buen uso:
¿Esto que me estoy exigiendo le importa realmente a mi cliente o es un reto personal?
¿El cliente valora esto lo suficiente como para justificar el esfuerzo?
¿Podría entregar lo mismo con menos desgaste si cambio el enfoque?
¿Este compromiso me acerca a un sistema sostenible o me empuja al borde del burnout?
¿Estoy trabajando más por hábito o porque realmente lo requiere el objetivo?
¿Estoy haciendo esto por estrategia o por miedo a decepcionar?
¿Esto me genera ingresos, confianza o lealtad real?
¿Esto que prometí me obliga a improvisar o ya es un proceso validado?
¿Estoy vendiendo resultados o demostrando esfuerzo?
-Yuban.


