Romper el umbral de Peter.
Ascendí a la mejor empleada. Grave error.
A ver, dime tú:
Si tienes un taller mecánico y necesitas un supervisor ¿a quién asciendes?
Al mejor mecánico, claro.
Si tienes un hospital y necesitas un jefe de área ¿a quién le das el puesto?
Al mejor doctor. ¿No?
Pues yo hice lo mismo. En la empresa de limpieza, ascendí a supervisora a la mejor del equipo.
Rápida, resolutiva, responsable. Con sus detalles, pero era la opción obvia.
Mi error fue confundir el desempeño operativo con potencial de liderazgo.
Ya como supervisora:
→ No supo coordinar
→ No supo dirigir
→ No supo motivar
→ No supo comunicarse
Y no fue su culpa. Fue mía.
Le di una responsabilidad para la cual no solo no estaba lista, sino que no tenía las competencias necesarias para ese nuevo nivel ni estaba interesada en adquirirlas.
La presión la rebasó y al poco tiempo, pidió regresar a su puesto anterior.
Pero el daño ya estaba hecho y el resentimiento también.
Caí en el Principio de Peter. Una teoría de Laurence J. Peter que dice que las personas son promovidas hasta alcanzar su nivel de incompetencia, es decir que si asciendes a alguien solo por su buen desempeño en un puesto, llegará un momento en el que lo promociones a un cargo para el que ya no está preparado.
Y ese error cuesta carísimo.
Promover, comunicar, capacitar, ajustar políticas, mover estructuras, y luego tener que dar marcha atrás, todo eso consume recursos, tiempo, moral y credibilidad.
Lo curioso de este principio es que prácticamente nadie está listo para lo que viene.
¿Tu crees que el first-time CEO está listo para el puesto?
¿Tú estabas lista/o para tu primera conferencia, taller o posición de liderazgo?
Probablemente no.
Pero lo hiciste. Lo intentaste. Te equivocaste, aprendiste, y lo volviste a hacer.
Y sin darte cuenta, un día cruzaste esa línea.
A eso yo le llamo romper el umbral de Peter.
Ese momento invisible en el que, sin fórmulas mágicas, te conviertes en la persona que sí puede con el nuevo rol.
Entonces, tal vez el grave error no fue un error necesariamente. Como líder de equipo tienes que tomar el riesgo de impulsar a las personas que crees que tienen el potencial. A veces fallarás, en otras acertarás y con el tiempo tendrás mejor puntería para estas cosas.
El Principio de Peter no es una condena, sino una frontera que puedes cruzar si tú o quién este en ese punto de su vida está dispuesto a pagar el precio del aprendizaje, la incomodidad y el desarrollo personal.
La diferencia está entre quienes son promovidos y se estancan, y quienes deciden crecer hasta estar a la altura del nuevo reto.
Es un proceso. No pasa de la noche a la mañana.
Pero ocurre.
-Yuban.


