Muchas personas justifican la mala actitud de un mesero, un recepcionista o cualquier empleado diciendo: “seguramente está teniendo un mal día”, “no sabes por lo que está pasando” o “seguro le pagan una miseria”.
Todas esas cosas pueden ser ciertas.
Pero ninguna convierte un mal servicio en un buen servicio.
Todos tenemos malos días. Todos enfrentamos problemas que los demás desconocen. Precisamente por eso existe el profesionalismo, para que nuestros problemas personales no determinen la forma en que tratamos a quienes no tienen nada que ver con ellos.
El carácter se demuestra cuando existen razones para no comportarse bien y, aun así, decides hacerlo. Cualquiera puede ser amable cuando todo marcha bien. Lo difícil es mantener un estándar alto cuando estás cansado, frustrado o bajo presión.
Si alguien está dispuesto a mostrar desinterés, descuido o mala actitud justamente en el lugar donde más le conviene dar su mejor versión, frente a clientes, compañeros, su jefe, es razonable pensar que no estamos viendo un accidente aislado, sino una forma habitual de conducirse. No es una certeza absoluta, pero sí una señal que vale la pena tomar en cuenta.
Puedes ser empático y comprender que alguien esté pasando por un mal momento, y al mismo tiempo, esperar que cumpla con el estándar que su profesión exige.
Una cosa no cancela a la otra.
Tu siempre mantén alto tu estándar, y si estas la frente de un equipo, exígele lo mismo.//
Yuban.


