La belleza es una herramienta.
Si no te consideras una persona muy atractiva, el consejo moralmente correcto sería que te aceptes tal y como eres, que tomes mucha agua porque eso ayuda a la piel y que hagas un poco de ejercicio.
Eso está bonito, muy apropiado y todo pero no es la respuesta que te va a cambiar la vida.
La respuesta real la empecé a entender en la universidad cuando me pregunté por qué las chicas de escuelas privadas eran más bonitas que las de mi escuela pública (sorry not sorry).
Y sí, la respuesta es el dinero. Aunque a esta conclusión llegué años después.
La belleza no siempre tiene que ser orgánica. Los que nacieron guapos juegan con una ventaja injusta, pero no son la mayoría.
Si eres como yo, te toca crear tu belleza.
La chicas de allá podían invertir gracias a la cartera de papá en faciales, buenas cremas, tratamientos, ortodoncia, gimnasio, ropa que realmente les queda y arreglos que corrigen detalles que la genética no les dio.
Eso no es superficialidad, vamos a llamarle mejor inteligencia social.
La estética es una forma de acceso porque la belleza es una herramienta, no vanidad. Bueno, un poquito vanidad. La gente te percibe más competente, más confiable, más ganador, solo por verte bien. Es injusto si quieres, pero funciona a tu favor si le apuestas a ello.
Así funciona el mundo nos guste o no.
Y si eres hombre esto también aplica para ti. Deja de creer que los cuidados son para mujeres. Compra tu belleza con un buen corte de pelo, un buen dermatólogo, ropa que te ajuste, zapatos decentes y perfume.
Claro hermano, puedes lograr mucho siendo feo o por lo menos medio decente, pero la belleza es arte y es una ventaja automática en el juego social.
Aceptarte tal y como eres es sano, solo que a veces toca ser práctico y estratégico.
Si no naciste con belleza, constrúyela.
Invierte en tu mente, sí. Buenos libros, workshops, tu podcast favorito.
Pero invierte en tu belleza también.
No te quedes con la versión física más básica de ti cuando puedes construir una mejor.//
Yuban.


